El Himalaya, la cadena montañosa más elevada del planeta

El Himalaya, la cadena montañosa más elevada del planeta

La cadena montañosa más elevada del planeta, que domina el monte Everest, sigue creciendo debido al choque de los bloques de la corteza terrestre, que empujan hacia arriba. Algunos de los picos de la “morada de las nieves eternas” podrían superar los 9.000 metros de altitud si siguen elevándose, aunque para algunos expertos ninguna montaña puede superar este tope máximo, debido a la fuerza de gravedad y los desplazamientos geológicos que contrarrestan su crecimiento geológico.

La “morada de las nieves eternas”, que incluye más de cien cumbres que superan los 7.000 metros de altitud sobre el nivel del mar y las catorce montañas más altas del mundo, de más de 8.000 metros, crece más rápido que otras grandes cordilleras como los Alpes o los Pirineos, en Europa, o las Montañas Rocosas, en Estados Unidos.

El Himalaya, la cordillera que alberga la montaña más alta, el monte Everest o “techo del mundo”, no es sólo la más elevada sino también una de las más vitales del planeta, ya que algunas de sus cumbres siguen creciendo imparables, a un ritmo formidable, desafiando la erosión, según descubrimientos recientes.

Millones de años de evolución geológica. La cadena, que es una frontera natural que divide a los dos gigantes asiáticos, India y China, sigue creciendo hasta un centímetro por año, después de evolucionar durante 45 millones de años, según los estudios efectuados por varios grupos de científicos estadounidenses en los últimos años. El crecimiento del Himalaya resulta impresionante comparado con el de otras cadenas montañosas como las Montañas Rocosas, en Estados Unidos, y los Alpes y los Pirineos, en Europa, que tardaron cientos de millones de años en alcanzar su actual altura.

La gran cordillera asiática forma un arco de más de 2.500 kilómetros de largo, que abarca desde el extremo suroeste de la ex Unión Soviética hasta el norte de Birmania, con una extensión de 600.000 kilómetros cuadrados, repartidos entre Afganistán, Pakistán, India, China, Nepal, Tibet, Sikkim y Bhután.

Viaje al techo de la Tierra. Entre sus montañas domina el Everest, de 8.848 metros, el “techo del mundo”, explorado por primera vez en 1921 y conquistado por Edmund Hillary y Tensing Norgay en 1953, año desde el cual lo han coronado unos doscientos alpinistas de distintos países.
A lo largo de las últimas décadas se han efectuado distintas mediciones de la altura del monte Everest, con distintos medios tecnológicos y sistemas de medición y cálculo. Las mediciones han revelado alturas diferentes, tanto por debajo como por encima de las anteriores medidas oficiales: como los 8.846 metros medidos en 1993 o los 8.850 metros calculados en 1999.

Pero los geólogos advierten que estos datos son siempre temporales, porque la montaña está situada en una zona geológica muy inestable, y desde hace millones de años, la falla sobre la que se asientan los Himalayas está metiendo al subcontinente indio debajo de Nepal y China, y además las montañas pueden desplazarse hacia el norte, sur, este u oeste, con lo que todas las medidas pueden variar en cualquier momento.

Asombro a gran escala. “En el Himalaya todo es grandioso y se produce rápidamente, a mayor escala que en cualquier otro lugar”, ha señalado John Shroder, un geólogo de la universidad estadounidense de Nebraska, integrante de la docena de equipos científicos que se aventuran cada año para investigar los picos. Las montañas del Himalaya y el Karakórum, permiten estudiar, en su mayor extensión y en las condiciones más extremas, fenómenos naturales como los sedimentos, los efectos de la erosión, las fuerzas ascendentes, las avalanchas y la supervivencia.

Según los geólogos, ambas cadenas nacieron de una lenta pero poderosísima colisión entre las placas tectónicas (bloques en continuo movimiento donde se asientan las superficies terrestre y oceánica) de la India y del continente Euroasiático, entonces separados por el denominado Mar de Thetys. Este proceso ha ocurrido en otras regiones montañosas del planeta, que se sitúan donde han entrado en colisión las placas tectónicas produciendo pliegues, y continúa produciéndose en el Himalaya, los Andes y los Alpes, que aún están en formación.

Fuerzas colosales en movimiento. Los expertos aseguran que las montañas de Escandinavia y de Escocia fueron las primeras en formarse, hace 500 millones de años, en un proceso que comenzó cuando las fuerzas tectónicas de compresión hicieron plegarse la corteza, elevándola.

Los efectos de la formidable embestida que levantó la cordillera del Himalaya se siguen sintiendo actualmente y hacen aparecer en su superficie restos de materiales geológicos que tienen millones de años de antigüedad. Según los investigadores, los sedimentos que se hallan bajo el suelo están protegidos de la radiactividad ambiental por diversas capas de partículas, mientras que los que están más cerca de la cumbre son alterados por la radiación natural, variando su composición química.
Gracias a los efectos radiactivos se puede conocer cuánto ha tardado un mineral en ascender a los 8.000 metros de altura de muchos de los picos de la cadena, los cuales rebasarán los 9.000 metros en los próximos 50.000 años, según los geólogos.

A nueve kilómetros del suelo. Aunque para otros expertos, el Himalaya no podrá rebasar los nueve kilómetros de altura, porque este es el tope que pueden alcanzar las montañas sobre la Tierra, las cuales no pueden crecer indefinidamente, ya que están sometidas a distintos desplazamientos, corrimientos, y ensanchamientos, así como a las fuerzas de atracción y empuje de la gravedad terrestre, todas las cuales contrarrestan en parte su crecimiento hacia arriba.

Por otra parte, los estudiosos han descubierto que el Nanga Parbat, de 8.125 metros, es una de las montañas de mayor crecimiento de la Tierra: se eleva a un ritmo de 5 milímetros anuales, aunque en determinadas zonas la cifra llega al centímetro anual.

Como si se tratara de un adolescente, el Himalaya no puede evitar que una imparable fuerza interna le haga crecer y desarrollarse, intentando escapar de sus límites. Nadie sabe hasta cuándo ni hasta dónde llegará.

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